Después del 8M: cuando el logo morado no es suficiente
El 8 de marzo pasó hace apenas unos días y, como cada año, muchas marcas cambiaron su logo a morado, publicaron mensajes inspiradores y lanzaron campañas para sumarse a la conversación.
Y participar no está mal. Cuando se hace con intención y coherencia, las marcas pueden ayudar a visibilizar temas importantes.
Pero también vuelve a aparecer la misma pregunta: ¿qué tan profundo es realmente ese compromiso?
En los últimos años incluso surgió un término para describir este fenómeno: purple-washing. Se utiliza para hablar de aquellas marcas que adoptan discursos de igualdad o campañas relacionadas con el 8M para mejorar su imagen, pero sin que exista un compromiso real detrás.
Reportes como el Edelman Trust Barometer 2024 muestran que una mayoría de personas espera que las empresas tomen postura frente a temas sociales, y que 71% considera que las marcas deben posicionarse cuando enfrentan presión sobre asuntos relevantes para la sociedad.
Es decir, las personas no necesariamente esperan que las marcas se queden calladas. Lo que realmente cuestionan es cuando el mensaje no se sostiene con acciones. Cuando ese contraste se hace visible, el discurso pierde fuerza.
En México, las mujeres toman la decisión de compra en 52% de los hogares para productos de consumo masivo. Si se suman los casos donde la decisión es compartida, su influencia alcanza cerca del 80% de los hogares. Ignorar eso no es solo un problema de valores — es un error estratégico. Hablar de igualdad también implica entender a una de las audiencias más influyentes del mercado, y que además se vuelve cada vez más crítica.
En México, además, la conversación se vive de forma muy visible, tanto en calles como en redes. Eso hace que la gente no solo escuche a las marcas, sino que también las cuestione. Y en ese contexto, la coherencia ya no es un plus, es lo mínimo esperado.
Algunas campañas año con año intentan posicionarse en la conversación, pero cuando el mensaje no está respaldado por acciones consistentes, el público lo nota.
Las marcas de fast-fashion, por ejemplo, suelen lanzar mensajes de empoderamiento femenino mientras gran parte de su producción depende de trabajadoras, en su mayoría mujeres, con jornadas largas y salarios muy bajos.
También hay campañas que terminan generando el efecto contrario al esperado. En 2021, Burger King publicó en redes el mensaje “Women belong in the kitchen” el 8 de marzo. La intención era hablar sobre la falta de mujeres en la alta cocina y promover becas para chefs, pero el mensaje provocó críticas globales por reforzar un estereotipo justo en una fecha especialmente sensible.
Pero también existen ejemplos más consistentes. Nike, por ejemplo, ha desarrollado campañas y proyectos enfocados en el impulso del deporte femenino, visibilizando a atletas mexicanas y promoviendo mayor participación de niñas y mujeres en el deporte. Más allá de una campaña puntual, el mensaje se ha sostenido a lo largo de acciones visibles.
Todo esto apunta a lo mismo: el reto no es si las marcas deberían hablar del 8M o no. La pregunta real es cómo lo hacen y qué hay detrás del mensaje.
Participar en la conversación implica más que lanzar una campaña. También significa escuchar, dar espacio a voces femeninas y reconocer que la igualdad no se construye en un solo día.
Entonces, ¿qué sí pueden hacer las marcas?
Si una empresa quiere sumarse a la conversación de forma responsable, algunas preguntas pueden servir como punto de partida:
• ¿La igualdad forma parte real de la cultura interna?
• ¿Hay mujeres participando en espacios de liderazgo y toma de decisiones?
• ¿Existen oportunidades reales de crecimiento profesional para ellas?
• ¿La empresa facilita la conciliación entre trabajo y vida personal?
• ¿La comunicación refleja ese compromiso de forma consistente?
Al final, más allá del color del logo, lo que construye credibilidad es la coherencia. Y quizá la pregunta más importante no sea qué publicar el 8 de marzo, sino qué ha hecho tu empresa durante el resto del año para que ese mensaje tenga sentido.